TEXTO

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EDMOND JABÈS

El libro de los márgenes I
Eso sigue su curso

 

 


 

PRIMER PASO

 

Edmond Jabès

 

(La palabra impone su sentido al sinsentido que la origina.

 El sentido de las palabras es el de su aventura; el sentido que conceden — y nos obliga a atribuir — a su propio despliegue y a su tachadura.

 «Todo me fue dado a conocer por el vocablo, decía él. La palabra revela, se revela. El escritor carece de misterio.»

 Palabra justa. Muerte justa.

 El universo está en una palabra. La muerte de la palabra es muerte de universo.

 Al libro imposible, el vocablo profesa un amor imposible; de alegría mezclada y espanto.

 No hay sentido de la palabra; sino, más bien, ley respetada del sentido.

 «El sentido, decía él, no sería más que una sencilla convención de lectura o de escucha, si las letras frustradas no vinieran a añadirle su grano de sal.»

 A cada vocablo, su parte de sentido; es decir, su parte de revelación de la muerte.

 «La escritura, oh, paisajes de abismos y de crestas, es réplica fiel de nuestras conquistas y de nuestros fracasos, en el interior de la muerte; por eso, cada uno de nosotros tiene su escritura, decía él. La voz abraza sus contornos.»

 Un mismo nombre para la vida y para la muerte: ¿nuestro nombre?

 Dios tiene un nombre que saca del nuestro; un lugar que es la pérdida del nuestro.

 «Por su manera de hablar, puedo saber si escribe recto o torcido, gordo o fino y a los pies de qué monte muere», seguía él diciendo.

Morir en paz es morir sin palabras.)

 

El pensamiento es entonces quizás el trazado de la mirada al que desafían las palabras, modificándolo.

 El trayecto del pensamiento es recorrido luminoso de la muerte.

 Vasta noche del libro. La estrella toma el relevo del vocablo.

 «Cuando conozcas todas las estrellas por su nombre, decía él, podrás declarar que has leído todos los libros.»

 Los textos aquí reunidos están destinados a permanecer al margen de mis obras. Deben conservar este carácter marginal, incluso subrayarlo, para que la lectura se haga de manera más libre. No deben nada al Todo, sino al contrario, todo a la Nada; de ahí su deseo insatisfecho del Todo y su miedo inicial a la Nada.

Me gustaría que fueran recibidos como escritura del vértigo, donde el libro se abre al libro. 

 

«Alguien ha pasado ya. Su huella no significa su pasado, como tampoco significa su trabajo ni su goce en el mundo, es el desorden mismo imprimiéndose — que tentador resultaría decir grabándose — irrecusable gravedad.»

Emmanuel Levinas
(Humanisme de l’autre homme. IX. La Trace)

 

¿... quizás este vasallaje, más allá de las líneas, a un eje perturbador; quizás esa arma decisiva de la cual no puedo servirme?

 La palabra no teme a la palabra, sino al texto.

 ... ese «desorden» que viene a oponerse a cualquier veleidad natural de orden.

Páginas ordenadas, desordenadas; ahí vela o ahí yace el signo.

 

«Un Dios, él mismo, necesita un testigo.»

Maurice Blanchot
(Le dernier homme)

                                                                                          Edmond Jabès

 

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