El
cerebro no es un puesto de mando rígido ni centralizado. Es
plástico, cambia con el curso de la vida, se deja modelar
por la experiencia, también se repara. Todo el problema
consiste en no confundir plasticidad y flexibilidad, en no convertir el
cerebro en el servidor biológico de la adaptabilidad, de la
polivalencia y de la docilidad exigidas por las nuevas leyes de la
economía mundial. La pregunta que aquí plantea
Catherine Malabou es la siguiente: ¿cómo hacer
para que la conciencia del cerebro no coincida lisa y llanamente con el
espíritu del capitalismo?
«¿Qué hacer con nuestro cerebro? no es
una pregunta reservada a los filósofos, a los
científicos o a los políticos, es una pregunta
para todo el mundo. Una pregunta que debe permitirnos comprender por
qué, aunque el cerebro es plástico, libre,
nosotros, todavía y en todas partes, estamos «tras
las rejas»; por qué, aunque la actividad del
sistema nervioso central tal como actualmente aparece a la luz de los
descubrimientos científicos, propone sin lugar a dudas a la
reflexión una idea completamente nueva de la
transformación, nosotros pese a todo tenemos la
sensación de que nada se transforma.»
Catherine
Malabou